28 nov. 2011

Como el infinito crece y nunca llega al final.

Un sentimiento que florece dentro de mi corazón, una caricia calculada al rededor de mi cuerpo, una mañana en la que ilumina sólo el sol, y por la noche escribo en párrafos lo que siento por ti. Cada vez que amanece se ilumina porque hoy soñé contigo, cosas que sólo quedarán entre nosotros. No te voy a mentir, me enamoré de ti el primer día que te vi, pero solo en fantasías que mi mente imaginaba. Esas fantasías ya se cumplieron y te confieso que fui y soy la niña más feliz del mundo por haberlo hecho.
Ahora solo quiero que mi corazón no llore más por nadie, a no ser que otro corazón sea el culpable. Es inevitable, desde el primer día comencé a amarte. Es cierto que sé cosas de ti que nadie más sabe, cosas que ni yo misma querría saber, cosas que hacen que todo sea más complicado y que no tenga la confianza suficiente contigo, no la que me gustaría tener. Pero no lo puedo evitar, eres una adicción, mi dulce adicción con sabor a frutillas. Soy adicta a ti. Y esto crece, como el infinito crece y nunca llega al final.
Sólo quiero que me digas la verdad sobre ti, aunque ya la se, quiero que me lo digas tú y hacer como que no me enteré por terceros. 
Quiero que me mires con tu mirada intimidante, aunque te diga que no lo hagas, hazlo. Quiero que me cojas de la mano igual que la otra vez. Lo último que quiero recordar, ese día 26, cuando conseguí lograr mi objetivo, .

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